La buena suerteCuando me lancé a la aventura de tratar de hacer cosas innovadoras, sencillas, útiles, prácticas y competitivas en precio, tuve la suerte de tomarme un tiempo para leer algunos libros que otros emprendedores, que ya habían pasado por esta experiencia, me recomendaron.

Mi amigo Miguel, tecnólogo innovador, me hablaba muchas veces del thinking time, un término que afortunadamente entendí y que me ha sido de gran utilidad en mi proceso de reinvención. Miguel me decía que hay que dedicar mucho tiempo a pensar, a formarse y a entender qué quieres hacer. Se necesita paciencia, ya que, aparentemente, parece un tiempo no productivo, pero después te das cuenta que ha sido una magnífica inversión.

En paralelo al proceso de thinking time está el de la formación continua, pero no tanto ese curso que esperas que alguien te de y que no llega, sino esa autoformación disciplinada que resta muchas horas de sueño y que se realiza por iniciativa propia.

Uno de los primeros libros que leí fue La Buena Suerte, de Alex Rovira y Fernando Trías. La verdad es que iba sobre seguro, ya que compré un volumen de la 14ª edición, es decir, sabía que iba a leer algo interesante que estaba siendo muy leído y, efectivamente, así fue.

Aconsejo a todo el mundo, y especialmente a los más jóvenes, leer este libro de 125 páginas. Tres tardes bien empleadas porque el mensaje es absolutamente útil, sencillo y muy aplicable: la buena suerte no existe. Es el mensaje del que busca la excusa, del que se queja por todo, del que se ampara en “la buena suerte” como explicación universal de los éxitos conseguidos a base de esfuerzo continuo.

Una idea me quedó muy clara: la probabilidad de conseguir éxitos aumenta considerablemente cuando trabajas en crear las condiciones necesarias para que las cosas ocurran.

Emilio Sanz, fecit.